Imagen: RXD by me

Se pasa la vida caminando delante de mí como si por asomo mi vergüenza se canse de ocultar lo que verdaderamente siento. Silbo, me mira intrigada y escondo mis labios después de pasarle la voz. Mis manos tiemblan y no es por verla sino que se han acostumbrado al café. No puedo dejarlos. ¿Y si mañana volteara y simplemente se apague el mundo? Sus manos tantearían el oscuro hasta rozar mis manos temblorosa. Se asustaría y tal vez gritaría. Soy yo, dije. Pude sentir que reía y me tranquilicé. La abracé y permanecimos así. Las luces no volvían y cada vez que respiraba me iba despertando más y más.
Imagen by Pumpkin

Sacude las manos una vez mas, mírate el raspón que tienes en la palma derecha.

La tierra es dura en estos lares, a veces está rellena de piedras para que la lluvia no corroa mucho las bases. Ella sigue arriba, tiesa y silente como un mimo, como si por primera vez nadie la estuviera mirando y el viento no remeciera las ramas más largas del árbol que con placer la posee. La miro y me estremece el cuerpo, veo su cuello mal posicionado, como si fuera a caer y presiento que al despertar tendrá un dolo maldito que la molestara tanto o más que yo. Si respira muy fuerte se caerá, pienso. No lo dudo más y cojo el cedro como palpando algún respaldo por donde pueda llegar a la cumbre.

Mírate como lo intentas, cómo sin darte lo estás entregando todo por mí, te falta muy poco para llegar, toma mi mano, mira que abro los ojos, te sonrío. Ahora trépame a mí también.
Imagen by Vely***

Coge el arma con una de las manos. La pesa. La mira fijamente. Se desinhibe. Se quita la ropa lentamente para que la emoción no se escape por la rejilla de la persiana. Se mira al espejo mientras se quita los pantalones. Se mira y recuerda las manos de Roman serpenteando por sus estrechos mas salientes. Se mira a los ojos y no se reconoce. Vuelve a tomar el arma, sale al balcón y el sepulcro nocturno se ha quebrado por un instante. Su cuerpo cae y todo vuelve a la normalidad.

Imagen by Belezeta

"Vicente daba cada zancada esperando que la dama que lo perseguía fracase en su intento por arre-batarle la vida y eliminar al último testigo de la masacre de La Obra. Casi sin aliento dobló por al-guna de las calles del centro y rogó a los santos que le dieran fuerzas para refugiarse en casa de los Díaz, sus vecinos y ahora sus guardianes. Detrás de él, y a paso de galgo, corría la cazadora fiel de la mesa directiva de La Obra, con una nueve-milímetros automática en la mano izquierda y evitando a los transeúntes; no apartaba la vista de la espalda de Vicente, de sus movimientos y de su destino final. Destino que un disparo podía romper"

Imagen by fracking

"Nunca habían sido mejores amigos, sin embargo, el oficio hizo que se conocieran en alguna sala de redacción, en alguna conferencia o en algún salón de clases".
Imagen by Lograi

La mano le tiembla una vez más, suelta el pincel y una mancha blanca se dibuja en el suelo. Una vez más Simón se agacha a recogerlo, lo deja en la mesa reumática que se equilibra al lado del caballete y se para.

De pronto la habitación se le cae para un lado y trata de mantenerse tranquilo, equilibrarse y dejar que pase una vez más, no lo puede controlar. A tientas y con riesgo a dejarse llevar por la pendiente se dirige hasta la cocina en busca de algún estropajo o servilleta que le ayude a limpiar el pequeño desastre. Se aferra al suelo y se deja llevar por sus vaivenes. Si va en contra de ellos se caería hasta el fondo de la habitación donde un cuadro de Sabogal intenta caerse por el movimiento. Tropieza y se va bruces al suelo. No sabe si es porque la habitación se está cayendo o porque un pedazo de madera le ha jugado una mala pasada.

Al voltearme contemplo la mancha blanca como si tuviera vida propia, se expande como si de algún lugar le echaran más agua a la pintura. La blancura empieza a arrasar con todos lo objetos de la habitación, no importa que se vayan cayendo hacia el nuevo punto de gravedad. Volteo hacia el otro lado y la veo allí, inamovible, como suspendida en el aire. La reumática mesa se ríe de mí, ella todavía tienes años para darle al oficio. Mi última pincelada se cayó al suelo y ahora está inundando toda la habitación. Todo blanco, todo limpio, tan callado y de pronto una voz me dice: 'bienvenido'.