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©Carlo Reátegui

Voy al baño por segunda vez. Al parecer algo me ha caído mal. Cojo nuevamente el cuchillo y sigo cortando en pedazos los restos de Elizabeth. ¿Hace cuanto tiempo que dejé de amarla? Parece que hace poco, todavía siento pena de haber terminado de esta manera, creo que ahora nadie puede comprender cuánto la extraño.

Su cara esta ahora mucho más delgada. Casi no tiene belleza, el frío la está deshidratando y cada vez que hago un agujero para que la sangre salga de su cuerpo es más difícil hacerla correr por lo coagulos que no cesan de caer como jabón líquido o materia de alcantarilla.

¿Hace cuánto tiempo dejé de amarla?

Una día la vi hablando con el jardinero, él llevaba un oberol de jean azul y los brazos al aire. Era muy joven para ser jardinero. Ella siempre lo miraba cortar el césped y cuando llegaba del trabajo él se iba a su casa. Casi siempre coordinábamos. Luego del tercer día no volvió. Su cuerpo lo tengo congelado en la bóveda del costado. 

Ella lo extrañó y comenzó a beber. Cada día yo la veía más destruida y solitaria. No le importaba mi presencia.Había trabajado tanto para ella y no recibía el mínimo esplendor de afecto. Creo que en ese momento empecé de dejar de amarla. Lo demás vino por añadidura.

Utilicé un somnífero en el vino para dormirla. La colgué de una viga del sótano, se sostenía solo por las muñecas, despertó por el dolor. Frente a ella había colocado al jardinero. Creo que en ese momento ya no la amaba. Y empecé a rebanarlo con la navaja que ella usaba para cortar su cocaína. No sé qué le dolió más. 

Luego, cuando ya estaba por desmayar por el dolor de las muñecas, el asco del cerdo destrozado frente a ella empezó a vomitar. Su muerte fue lenta, ella tenía un trapo en la boca. Ya se imaginarán.

Ahora me pregunto, hasta qué punto pude ser engañado. Siento pena de mí mismo. Sin querer, les hice un favor. Se divertirán ahora que ya no estoy en el más allá para vigilarlos.
Foto by Belezeta

El cielo en la mañana amaneció tan escandaloso que a los pocos segundo de iniciada la lluvia ya las calles se habían convertido en ríos como es común por aquí en los días cercanos a Navidad. Del otro lado, en el norte del emisferio, Morgana tomaba unas lindas tardes de sol en alguna playa caribeña de la costa Colombiana. 

Cuando escuché que se iba de viaje de placer al norte pensé en Huanchaco o Máncora, pero cuando llegaron las primeras postales de su viaje supe que, seguramente, no iba a saber de ella en mucho tiempo. Así que dejé Lima y cogí una vieja cámara de película y me largué a peregrinar con un par de compañeros por el largo sendero del Señor de Quoylloriti.

Llegado agosto, regresé a Lima con la sensación de que Morgana algún día aparezca repentinamente por el barrio y preguntase por Cecilia o por mí. Tal vez alguna tarde podríamos reunirnos juntos y charlas de cómo le fue allá y qué tanto hizo con su vida privada. Pero cuanto más la esperaba menores eran las probabilidades de verla.

Hacia noviembre escuché que había decidido trabajar en un crucero que recorrería 3 semanas las costas de tres islas del Caribe. Perdí las esperanzas.

Cuando empezó a amainar la lluvia aquél día lluvioso de Navidad, una llamada me despertó del sueño de media tarde.

- Aló, Felipe - preguntaba una voz desde alguna parte del mundo -. Habla Morgana, estoy en la ciudad.

- ¿Morgana?

- No te hagas, sé que me odias y no quieres verme

- Disculpa, es que no había reconocido tu voz.

- Esto en el Café Delirios - explicó-. Si quieres pasas por mí, es que olvidé el paraguas y esta lluvia me llevará a casa flotando.

- No te preocupes, salgo en seguida.

Cogí una vez más la botella de vodka, la alcé sobre mi cabeza y terminé de beber las ultimas gotas de bebida. Cuando me encontraron a la mañana siguiente, muerto, sostenía en la mano la foto descuidada de Morgana. 

- Ahora estarán juntitos, ¿no?

- Sí, vecina, si ellos se querían tanto, él seguro se murió de pena.
imagen by vicisanti

Ella salta la reja y mira fijamente al gato de Simón que corre en ese momento tras una bola que calló del balcón de donde porvienen los jadeos que la desesperan. Camina sigilosa por entre el pasto mientras el gato se pierde en la oscuridad de la noche y de los cabellos de Sofía que se mecen en vaivenes de la mecedora mientras su hijo jadea en la bañera del cuarto de invitados. De pronto Sofía despierta y se encuentra con Sandra en la sala.

- Si no eres tú, ¿con quién está Simón?
- No sé señora, no lo sé.

Se escuchan los jadeos y a Michigan, el gato, pasar por encima de ellos.

Ellas bajaban las faldas del cerro a toda velocidad que solo podían oír el ruido de las rocas cayendo. Sus zapatos, antes negros, se estrellaban contra el suelo, levantando polvo, pateando piedras y uno que otra vez patinando encima de piedrecillas. Los tunales no les impedían bajar; mas bien, les delimitaban el camino entre el cerro y la quebrada. Todas a un ritmo bajaban como si estuvieran el los tiempos el "Inga". Detrás de ellas se escuchaban chillidos ensordecedores como de cientos de aves que volaban contra ellas. Yo las miraba de mi azotea, como si se tratara de un espectáculo, como si el cerro dorado fuese un recinto de esparcimiento para colegias que simplemente subieron para ver mejor la ciudad y desafiaron al dueño de casa, del cerro. Desafiaron al Águila y alguien tenia que pagar las consecuencias.

Cuando empecé a escuchar sus gritos más claramente, me alejé del techo, baje al depósito y esperé al animal con la escopeta en las manos.

Emilio caminaba sudando como todos los viernes por los jardines, buscando un lugar donde encontrar un tomacorriente triple para conectar su notebook. Arrastrando los pies de cansancio y sin dejar de mirar el suelo se deslizaba entre las veredas de la universidad.

A lo lejos, y casi al instante en que levantó la mirada, divisó una pequeña mujer de cabellos medio dorados. La recordaba de alguna reunión donde compartieron ideas y puntos de vista. Le caía bien aunque siempre la había visto con la nariz alzada e ignorando la presencia de los demás.

- A ver pues, qué pasa.

Levantas la mirada como si estuvieras a punto de conocer a un personaje importante y te dispones a saludarla, mírala, mírala para que ella sienta tu presencia y te devuelva el saludo, para ver si deveras te saluda cuando te saluda. Mírala pasar cuando ella camina a tu lado y ni siquiera levanta la mirada, ella sigue hablando y tu, cual idiota desubicado, tienes que recoger tu mirada de sus cabellos medio dorados y seguir tu camino porque no quiere saludarte, porque no dependes de su saludo y porque - quieras o no - me llega altamente la gente hipócrita.

Rebuscaba entre los *.doc de mi carpeta de creación literaria y encontré esto. Con la venia de Ajotaerrre.


EXTRAVIADO


Me perdí…

salí como siempre a disfrutar mi vida,

te seguí, y me perdí


Empecé a caminar sobre tus pasos,

respiré tu aire y tu indiferencia,

mis ojos solo quería ver tu rostro,

mis pies, seguirte

y en mi corazón una esperanza

¡deja de ser indiferente!


No sé cuánto tiempo ando perdido

en tu vida, en mi vida,

me he perdido en tus labios,

en tu cuerpo,

amasando este amorío

que elimina otros recuerdos


Me perdí…

salí como siempre a disfrutar mi vida,

y la disfruto a tu lado, querida,

pero me perdí


Nueva casa, nuevo carro, nuevo numero de celular, nueva vida, nuevo reloj, nuevo celular, nueva casa, nuevo carro, nueva casa, nueva vida, nueva vida, nueva vida, nuevo celular, nuevo numero de celular, nueve amigos, nueva casa, nuevo celular, nueva casa, nuevos amigos, nuevos problemas, nuevos problemas, nueve problemas, nuevos problemas, nueva casa, nuevos amigos, nuevo celular, nuevo carro, nuevo. No, debo arreglar primero el problema.

Eres tú. Te quiero porque eres la fruta aquella que mi madre me daba en jugo los fines de semana (manguito). Eres la golosina prohibida de mis días pueriles, aquellos días donde no podía cruzar la calle solo (mi niña chupetín). Eres esa pequeña expresión de rebeldía que en mi niñez demostraba piconería (sacalengua). Eres amante de esa ciencia que tanto me apasionó en la secundaria, de esos elementos tan curiosos de manipular (científica). Eres todo lo anterior, sos única y sin control, sos el alma en tus lugares, sos vos, tú y yo.

Cuando vas a la plaza y quemas un papel no sabes si despues de la medianoche la cara de tu madre seguirá llorando porque en las cenizas del papel se habrán ido veinte seres amados.

Habiamos estado tomando, y la insulte. Desenfrenada empezo a esconderse entre sus manos, con un vaso de alcohol de cebada, y en un momento no la vi. Tambalié hasta el carro y la encontre. Era el tercer piedrazo que le daba al parabrisas, al verme se apuro en darle dos más y corrió, yo detrás de ella con la cabeza estallándome. Supe desde un principio que se dirigía a casa de mi madre, no iba allegar, al doblar la esquina la cogí del brazo, la giré y le golpeé la cara como si no se tratara de una dama, ella se safó, no sé como, corrió hasta la puerta y tocó el timbre frenéticamente y la vi desaparecer en el umbral, me levanté y sacudi la arena que se me había metido, fui enfurecido a embestir la puerta, la llave me permitió abrirla e ipso facto procedí a buscarla, mi madre grita, encuentro la cara escondida de ella y el mundo se congela, en un universo paralelo nos encontramos solo y le digo que la quiero, en el mundo real la golpeé y me fui.

Hoy escribo para nadie, para nadie en especial, simplemente escribo. Quiero decirte que no sé qué me pasa, intento decirte que el castillo de naipes se cayó, quiero decir que tal vez me atraes.

No me preguntes por qué, ahora no pienso en explicarte nada, lo que pasa es q soy casado, soy casado y con tres hijos. Mi matrimonio no va mal, pero me siento místicamente atrído por ti y por la imagen pseudo tierna que me proclamas.

Cuando caminas, cuando me miras, cuando - dentro de lo normal - me tocas. Te enlazas, me encantas cual hada madrina concede deseos a uno de sus - embelesados - ahijados, distribuyes sensaciones dentro de mí que terminarán explotando.

No me preguntes por qué, pero no pienso hacer nada, me quedaré pasmado, como un hongo en el jardín donde las vidas se enlazan, no es mi obligación contejar a una señorita linda como usted, simplemente quiero afirmar que me gusta, sóle me intriga saber... ¿Qué siente Ud. por mí?