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©Carlo Reátegui

Voy al baño por segunda vez. Al parecer algo me ha caído mal. Cojo nuevamente el cuchillo y sigo cortando en pedazos los restos de Elizabeth. ¿Hace cuanto tiempo que dejé de amarla? Parece que hace poco, todavía siento pena de haber terminado de esta manera, creo que ahora nadie puede comprender cuánto la extraño.

Su cara esta ahora mucho más delgada. Casi no tiene belleza, el frío la está deshidratando y cada vez que hago un agujero para que la sangre salga de su cuerpo es más difícil hacerla correr por lo coagulos que no cesan de caer como jabón líquido o materia de alcantarilla.

¿Hace cuánto tiempo dejé de amarla?

Una día la vi hablando con el jardinero, él llevaba un oberol de jean azul y los brazos al aire. Era muy joven para ser jardinero. Ella siempre lo miraba cortar el césped y cuando llegaba del trabajo él se iba a su casa. Casi siempre coordinábamos. Luego del tercer día no volvió. Su cuerpo lo tengo congelado en la bóveda del costado. 

Ella lo extrañó y comenzó a beber. Cada día yo la veía más destruida y solitaria. No le importaba mi presencia.Había trabajado tanto para ella y no recibía el mínimo esplendor de afecto. Creo que en ese momento empecé de dejar de amarla. Lo demás vino por añadidura.

Utilicé un somnífero en el vino para dormirla. La colgué de una viga del sótano, se sostenía solo por las muñecas, despertó por el dolor. Frente a ella había colocado al jardinero. Creo que en ese momento ya no la amaba. Y empecé a rebanarlo con la navaja que ella usaba para cortar su cocaína. No sé qué le dolió más. 

Luego, cuando ya estaba por desmayar por el dolor de las muñecas, el asco del cerdo destrozado frente a ella empezó a vomitar. Su muerte fue lenta, ella tenía un trapo en la boca. Ya se imaginarán.

Ahora me pregunto, hasta qué punto pude ser engañado. Siento pena de mí mismo. Sin querer, les hice un favor. Se divertirán ahora que ya no estoy en el más allá para vigilarlos.
Foto by Belezeta

El cielo en la mañana amaneció tan escandaloso que a los pocos segundo de iniciada la lluvia ya las calles se habían convertido en ríos como es común por aquí en los días cercanos a Navidad. Del otro lado, en el norte del emisferio, Morgana tomaba unas lindas tardes de sol en alguna playa caribeña de la costa Colombiana. 

Cuando escuché que se iba de viaje de placer al norte pensé en Huanchaco o Máncora, pero cuando llegaron las primeras postales de su viaje supe que, seguramente, no iba a saber de ella en mucho tiempo. Así que dejé Lima y cogí una vieja cámara de película y me largué a peregrinar con un par de compañeros por el largo sendero del Señor de Quoylloriti.

Llegado agosto, regresé a Lima con la sensación de que Morgana algún día aparezca repentinamente por el barrio y preguntase por Cecilia o por mí. Tal vez alguna tarde podríamos reunirnos juntos y charlas de cómo le fue allá y qué tanto hizo con su vida privada. Pero cuanto más la esperaba menores eran las probabilidades de verla.

Hacia noviembre escuché que había decidido trabajar en un crucero que recorrería 3 semanas las costas de tres islas del Caribe. Perdí las esperanzas.

Cuando empezó a amainar la lluvia aquél día lluvioso de Navidad, una llamada me despertó del sueño de media tarde.

- Aló, Felipe - preguntaba una voz desde alguna parte del mundo -. Habla Morgana, estoy en la ciudad.

- ¿Morgana?

- No te hagas, sé que me odias y no quieres verme

- Disculpa, es que no había reconocido tu voz.

- Esto en el Café Delirios - explicó-. Si quieres pasas por mí, es que olvidé el paraguas y esta lluvia me llevará a casa flotando.

- No te preocupes, salgo en seguida.

Cogí una vez más la botella de vodka, la alcé sobre mi cabeza y terminé de beber las ultimas gotas de bebida. Cuando me encontraron a la mañana siguiente, muerto, sostenía en la mano la foto descuidada de Morgana. 

- Ahora estarán juntitos, ¿no?

- Sí, vecina, si ellos se querían tanto, él seguro se murió de pena.
Foto by Belezeta

La mesa vacía, simple y llanamente vacía. Los vasos caían desparramando la sangre y los líquidos que absorbíamos minutos antes. Los gritos pegados a las paredes remecían toda la habitación. Mis pupilas cada vez se dilataban más acaso buscando encontrar las razones de tu comportamiento.

Cuando el primer vaso tocó el piso tu manos me cogieron del cabello y apenas pidieron permiso para sacudir mis mundos interiores en tres segundos de incontables desequilibrios. ¿Y si despertamos? La felicidad se desvanece y la diversión se convierte en tormento, en terror, en soledad y, sin querer, en depresión.


A la tercera vuelta me dijo que ya no aguantaba más, que se estaba mareando y que mejor no diéramos más vueltas en lo que restaba de la canción. Mis ojos se clavaban en los suyos y solo asentían disimuladamente.

La pista estaba llena, de todas las partes de la ciudad habían bajado los parroquianos a celebrar las fiestas patrias en una de las más exclusivas discotecas. Todo a favor, desde hace mucho tiempo que no hablaba con Serena.

Ella se había separado de su esposo hace tres años, pero yo no la veía desde hace unos diez. Nunca habíamos tenido una conversación por celular más larga que medio minuto, y cuando me llamó para decirme que llegaba a la ciudad me sorprendió tanto que le propuse salir uno de los días que pasaba por aquí.

La discoteca ardía de sudor y baile mientras nosotros apenas habíamos empezado a conversar sobre la vida, de nuestras carreras, de sus hijos, de mis metas y de las anécdotas más graciosas de nuestra época universitaria. Desde jóvenes siempre habíamos bailado poco entre nosotros, pero el amor por la salsa hizo que nuestros pies pidieran sabor y movimiento.

Era una salsa de Rubén Blades, Decisiones, la bailamos desde principio a fin y continuamos así durante casi la media hora de salsa que el sonidista había preparado para esta noche. Luego de la tercera vuelta, luego de que me dijera que ya no podía más, una salsa sensual entró en la pista y nos tomamos de las manos como a tiempo de vals. Mi mano izquierda rozaba apenas sus dedos de la mano derecho. Su otra mano se posaba levemente sobre sobre mi hombro mientras mi mano derecha poco a poco se fue acercando a su cintura, esa exquisita cintura. La música fue cayendo poco a poco, las parejas se sentaban se esparcían, no importaba nada, todo se callaban  incluso ella, eramos solo los dos los que importábamos. Por un momento se me pasó por la mente decirle que se quede. Que se quede para siempre bailando conmigo. 

Acabó la canción, el sonidista empezó con mezclas de rock, nos sentamos, pedimos la cuenta, ambos estiramos la mano para coger el recibo, nos tocamos.

- Todavía no, dijo ella.
- Esta bien, pero te esperaré toda la vida.

Image by MasterMerkin

Conocí a Serena en la noche que estuvo más tranquila. Su voz no pronunció palabra alguna mientras el profesor explicaba la teoría de la relatividad. Apuntaba todo, hasta el suspiro del maestro al saber que estaba frente a una clase de no entendidos en la materia. Yo me quedé mirándola casi toda la clase desde arriba, como si en algún momento me convirtiese en un halcón y volara hacia su carpeta, mientras todo el salón grita de espanto, para raptarla y preguntarte solamente si me puedes dar un beso.

Me la presentó Camila, la prima de mi mejor amigo. Empezó como una relación de amigos difícil de explicar. Era el mejor amigo del primo de la amiga de ella. Algo más, ese día salimos en grupo. Nadie había entendido la clase y querían reunirse antes del parcial para dar un repaso a los temas. Recién empezábamos el ciclo y ya tenías circulo de estudios. Qué carrera contra el tiempo. Qué locura de las letras que, ante las ciencias, no pueden hacer más que reunirse y platicar como atacarlas en un cuadernillo universitario.

El hecho es que, sin darnos cuenta, ella se volvió mi mejor amiga. Le contaba todo. Qué pasaba con mis padres divorciados, qué sentía al ver pasar a tal o cual chica, qué no me gustaba de la universidad, qué es lo que haríamos cuando salgamos de la carrera, etc. Sus influencias económicas siempre aplacaban a mi humilde procedencia doméstica. Siempre decía que iba a trabajar en la empresa de su papá y yo siempre decía que esperaba que alguna empresa me eche el ojo. Compartíamos tanto por el teléfono, por el chat, por los mensajes de texto que apenas nos dimos cuenta que ya eramos parte de una historia común. Ahí es cuando Sofía hizo su ingreso triunfal.

Un día de lluvia ella llegó con Camila al círculo y nos pidió permiso para incluirla en la sesión. Ella era de otra universidad, pero estaba llevando el mismo curso. La incluimos y mientras la observaba todo el trayecto hasta su sitio, Serena me dio dos codazos que me volvieron a la realidad y al tema que debatíamos ese instante. Nunca me pude sacar de la cabeza la imagen de Sofía entrando empapada por la lluvia y tomando asiento frente a mí. Tampoco el momento de despedirnos cuando la besé y Serena, al vernos, salió corriendo hacia mi auto, entró, se puso el cinturón y tocó la bocina como si nos estuviera esperando horas de horas.

Nada fue igual desde ese día. Ahora a Serena le comentaba cómo me iba con Sofía, qué había logrado en la semana y cuanto me gustaba. A ella le daba igual, siempre me lapeaba y me centraba en el tema del curso o cualquier otro tema. Me desviaba de ella para que le prestara mayor atención.

La misma universidad nos separó. Yo apenas iba porque ya tenía que trabajar y Sofía me había aceptado ya dos años antes. A Serena apenas la veía por la facultad y alguna que otra vez me la encontraba en el chat. Nada como antes.

Un día en clases de verano, Agustín llegó a mi con buenas nuevas. Serena había aceptado estar con un chico de último ciclo. Era su primer enamorado. Yo alguna vez los vi juntos pero no sospeché nada. Ella siempre me evitaba el tema. Me molesté en un inicio, pero luego caí en la cuenta de que no tenía por qué.

A la salida la miré con él agarrados de la manos y no pude soportarlo, me enojé, no la saludé y terminé corriendo por las calles con mi auto en busca de Sofía. Algo había cambiado, no lo comprendía. Hasta hoy.

Caí en la cuenta de que tal vez en algún momento ella se esperanzó en quedarnos juntos. Yo saqué el pie y todo se vino abajo. Olvide que el que se quedó pegado viéndola el primer día de clases fui yo. Que en un principio me había movido el piso. Pero la dejé ir. No le dije nunca nada y ahora ella también se va, es feliz. A las personas les cambiamos el destino con una palabra sincera, con una confesión. Pero no podemos hacerlo porque creemos que, con el tiempo, estas llegarán solas. Nunca llegan, eso es cierto. Y tenemos a aprender a convivir con las palabra atragantadas.

Y de tanto atragantarnos, morimos.
Imagen: RXD by me

Se pasa la vida caminando delante de mí como si por asomo mi vergüenza se canse de ocultar lo que verdaderamente siento. Silbo, me mira intrigada y escondo mis labios después de pasarle la voz. Mis manos tiemblan y no es por verla sino que se han acostumbrado al café. No puedo dejarlos. ¿Y si mañana volteara y simplemente se apague el mundo? Sus manos tantearían el oscuro hasta rozar mis manos temblorosa. Se asustaría y tal vez gritaría. Soy yo, dije. Pude sentir que reía y me tranquilicé. La abracé y permanecimos así. Las luces no volvían y cada vez que respiraba me iba despertando más y más.

Después del parto el doctor me dijo que Sandra estaba en el cuarto 403 y yo no terminaba de creerlo.Valentino era el hijo planificado que toda la vida quisimos tener. Cuando nos casamos ella me dijo que lo que más ansiaba en el mundo era tener un hijo al cual poder susurrarle al oído que era la mayor bendición del mundo, que tenía unos padres que lo querían y siempre lo protegerían.

Pero los años pasaban y nuestro desarrollo profesional impedía hacer un alto para cumplir nuestro sueño, la depresión cogió a Sandra y la relación se volvió tensa. Ya casi no había gestos de cariño entre los dos, ella me dijo que se iba de la casa, que esta no era la vida que quería llevar. Yo no impedí que se vaya. Sus maletas estaban en la puerta cuando llegué de la redacción y quien las llevaba era su madre, Sandra la había mandado a recoger sus cosas.

Aguantamos tres días. Ella se había ido a Buenos Aires a tomar unas cortas vacaciones con unos primos; yo, llegaba a mi casa todos los días sin más razón para estar feliz. Al tercer día me llamó y me dijo que tenía 2 meses de embarazo y no lo había notado, que el cambio de ánimo se debía a un desequilibrio hormonal, producto del embarazo. Volvió a la semana siguiente y todo entre nosotros cambió. Volvimos a ser la pareja de adolescentes que fuimos al principio, cada día nos llenábamos de revistas pediátricas y nuestras madres visitaban frecuentemente la casa para preguntar como íbamos. Han sido los mejores meses que he pasado junto a ella: Nos fuimos a San Andrés a los 5 meses, después ya no podría viajar, volvimos color camarón y bajo la luna decidimos que él se llamaría Valentino.

Ahora lo veo, tierno, inmóvil, apenas respira para mantenerse vivo, se retuerce entre sueños. Seguro que si lo pondríamos en un bolso nadie se daría cuenta del milagro que respiraría dentro. Es una suerte que se parezca a ella, tiene sus labios y sus mejillas, tiene mi nariz y pronto veré si sacó los ojos del abuelo. Se mueve para un lado y una sonrisa asoma por la incubadora. Como si supiera que lo estoy mirando y me hace pensar que él también nos estuvo planificando como padres.
Imagen by RossinaBossioB

Juego de manos, juego de villanos. Y si tu madre no esta nos volvemos delincuentes tratando de satisfacernos mutuamente, buscando el pico mas alto de donde se pueden ver magnificas imagenes. ¿Somos culpables? No. Simplemente somos humanos y bebemos del extasis de las emociones afectivas. Es una droga magnifica, pero todo exceso hace daño. Todavia no estamos intoxicados ni padecemos los efectos secundarios, pero caminamos a eso sin vuelta atrás. Como si fuera una evolucion, un proceso que tendriamos que seguir todos y, me pregunto, ¿ésta evolucion tiene fin? Sinceramente, espero que no. Ahora estamos distaciados pero igual nos dejamos sentir...

Soy un espectro que va por las aguas,
que corren mojando algo más que palabras.

Soy un espectro que sabe navegar,
y naufraga en las palabras,
que mojadas van quedando.

Soy un espectro singular,
que se roba las sonrisas,
que lamenta las desgracias,
que se baña de emociones,
y se pierde en tus rincones.

Soy un espectro,
que malgasta su dinero,
sobrevive con tequieros,
que se lanza a las aguas,
se divierte con palabras.

Soy un espectro,
joven, ágil y risueño,
soy un espectro,
que no sabe combatir miles de sueños.

Soy un espectro que nace cuando hay sombra,
y en la demora de los mayos,
de mi lejana muerte se asombran.

Soy un espectro,
así he sido siempre,
como siguiendo la corriente,
que mal le cae a las palabras,
y se refugia en sentimientos,
y vive solo de tequieros.

Nos miramos extasiados cada vez que coincidimos. Pensamos. ¿Quién da el primer paso? Ambos. Sin aviso las manos juegan a querer ser dientes y destrozar el cuerpo mío, el cuerpo tuyo. El tacto es mágico porque trata de hacer que dos cuerpos se vuelvan uno y, al destrozarlos, se mezclan para mostrarme y mostrarte lo bonito que es conseguir digerir los cuerpos. Solo con la mirada ya se cuecen nuestras pupilas. Con nuestros silencios llenos de ¿en qué piensas? En nada, y en todo a la vez. ¿Cómo es que llegamos al punto de cocinarnos a sazón de besos y caricias? No lo sé. ¿Lo sabes tú? Simplemente es un te adoro o dos que salen a la lucha de expresar lo que solo se puede sentir, y lo siento cuando te siento porque al sentirte está presente algo más que sentimiento.

Caminé hasta su puerta a las 3 de la tarde y me sente en la vereda, con una arreglo floral en las manos. Miraba unas piedras en el suelo mientras la esperaba. Ella no sabía que había llegado de viaje, nadie lo sabía.

En un momento giré la cabeza a la derecha y allí la vi entrar por la puerta del callejón, creo que al verme se pasavolteó y avanzó preguntándose algo. No se inmutó mucho. Yo seguía en el suelo cuando se paró frente a mí, la saludé con un beso en la mejilla y le entregué el arreglo. Se notaba nerviosa. Le dije que quería hablar con ella.

- ¿Vas a estar ocupada?
- Emm... sí, tengo un tarea.
- ¡Ah! Ok, ¿y a que hora te desocuparas?
- No sé, es bastante.
- ¿Y te puedo ayudar?
- Emm... Claro.
- Entonces, ¿vuelvo más tarde?
- No sé, ve tu.
- No, yo siempre la cago mejor decide tu esta vez.
- Emm...
- ¿Me voy?
- No, quedate.

Abrió la puerta que tantas veces he cruzado y subimos hasta su morada. Ella entró a su cuarto, supongo que dejó el arreglo y su mochila, yo esperaba en la sala, entonces salió y yo la abracé y la recibí con un beso, un beso largo, esos que te quitan el aliento... Ella empezó a sollozar mientras nos uníamos en labios, yo también, le dije: No sabes cuánto te he extrañado... Y desperté.

Que puedo hacer para que esto sea diferente. Me siento pésimo al voltear y no encontrarte ahí, donde quisiera que estes para abrazarte, o simplemente que estés. Tengo que idealizarte todos los días, pero no estas ahí, justo ahí, justo cuando los demas andan volando acompañados, yo tengo que verlos desde la tierra, con una voz que dice: Ya pronto podras volar tu también. Y acaso alguien me pregunta por eso?, nadie pasa de un: ¿ytuflaca? Es que acaso no pueden preguntar: ¿Como te sientes?

Seria poco responder que la extraño demasiado, que estoy harto de tener que idealizarla y tener que simular que esta presente cuando no está. Detesto tener que limitarme de hacer cosas para dos, porque ella no esta; pero si estuviera, Ay! dios mío, cuantas cosas no compartiría con ella solo por el hecho de que ya esta a mi lado. Y miles de cosas más porque la adoro, sí, estoy tan seguro de esto que puedo decirlo, que no me da miedo estar mostrando un apariencia. Es real que la adoro y no tengo miedo de decirlo.

La avenida Arequipa. Un sábado sin nada que hacer y cansado de no hacer nada, volviendo a casa con la laptop en la mochila, los hombros destruidos y la barriga llena - corazón contento -. Los faros pasan y pasan iluminando apenas mi rostro que está más que iluminado por la luz del ómnibus, en realidad los faros no pasas, pasa el micro pero es como si todo el mundo se moviera, cambiara de sitio para que llegues a tu casa y te encierres en la Internet a revisar, tal vez, tu facebook.

En esos instantes, cuando veía luces de neón alumbrar en cielo y las fachadas de los edificios, volteé y en mi mente escuche: "hijo".

Nostalgia es una sensación de lejanía que uno siente cuando se encuentra lejos de sus seres queridos, nostalgia, eso es. Me sacudió esa palabra. Me puse a pensar a rememorar e imaginé a mis padres abrazándome, no, yo los abrazaba y los tres alegremente nos reencontrábamos, imagine a mi familia reunida, todos como era el año pasado.

Lamentablemente yo soy un chico, de esos asentimentados, que sufren para poder derramar una lágrima. Si tuviera corazón de pollo, seguro que por lo menos se me hubieran aguado los ojos. En fin, por ahora tengo que tomarme en serio mi contexto, tengo que estudiar para poder hacer que el tiempo vaya más rápido, para que por lo menos así pueda hacer que ese abrazo ocurra lo mas pronto posible.

Rebuscaba entre los *.doc de mi carpeta de creación literaria y encontré esto. Con la venia de Ajotaerrre.


EXTRAVIADO


Me perdí…

salí como siempre a disfrutar mi vida,

te seguí, y me perdí


Empecé a caminar sobre tus pasos,

respiré tu aire y tu indiferencia,

mis ojos solo quería ver tu rostro,

mis pies, seguirte

y en mi corazón una esperanza

¡deja de ser indiferente!


No sé cuánto tiempo ando perdido

en tu vida, en mi vida,

me he perdido en tus labios,

en tu cuerpo,

amasando este amorío

que elimina otros recuerdos


Me perdí…

salí como siempre a disfrutar mi vida,

y la disfruto a tu lado, querida,

pero me perdí


Miedo, dolor, pensamiento, rencor, dolor, miedo, amor, pensamiento, dolor, nostalgia, miedo, nostalgia, inseguridad, desconfianza, nostalgia, miedo, amor, dolor, sufrimiento, desconfianza, amor, dolor, pensamientos, pensamiento, rencor, amor, dolor, insatisfacción, inseguridad, dolor, miedo, rencor, rabia, ira, indesición, miedo, rencor, desconfianza, esperanza, muerte, rencor, dolor, amor, ignoracia, destrozo, sufrimiento, dolor, muerte, ignorancia, insatisfaccón, necesidad, esa es la palabra, necesidad de ti.

Escuchando rock en español añoro los tiempos que no sabía las letras de las canciones, pero añoro más sentir su cuerpo pegado al mío, abrazados en una tarde fría o en una madrugada... shhh, silencio, alguien está leyendo esto.

Belezeta está triste... ¿Qué tendrá Belezeta?
se pregunta Darío, el moderno poeta
será por su madre, será por la vida.
Reunida su pena las flores marchita
se esconde en el sur y apenas suscita
una risa perversa y una falsa salida.

La neblina que ahora puebla los litorales
se ha encargado de darle decepciones morales
al centinela celeste de los tesoros rosados.
El guardián aquel de las playas de Cádiz
donde toda su estancia fue un eterno infeliz
que encontró en el cielo los caminos adorados.

¿Piensa acaso acabar con su vida el tunante
o simplemente hundirse en su escepticismo errante,
ese idilio insondable que días atrás exaltaba?
¿O tal vez piensa en su dicha que esclavo,
el que todo promete pero siempre excusado,
y que niño, no ahora, ser tanto añoraba?

¡Ay! Qué lo aqueja que su sueño alcanza
pasear por la arena, resumir su andanza
y perecer junto al mar un meridiano día.
Saludando se va Belezeta, no ríe
y hasta ahora la lluvia hace que nada varíe
el simplemente quiere recupera su compañía.

Eres tú. Te quiero porque eres la fruta aquella que mi madre me daba en jugo los fines de semana (manguito). Eres la golosina prohibida de mis días pueriles, aquellos días donde no podía cruzar la calle solo (mi niña chupetín). Eres esa pequeña expresión de rebeldía que en mi niñez demostraba piconería (sacalengua). Eres amante de esa ciencia que tanto me apasionó en la secundaria, de esos elementos tan curiosos de manipular (científica). Eres todo lo anterior, sos única y sin control, sos el alma en tus lugares, sos vos, tú y yo.

Nunca aprendí a despredirme, y ahora ni lo hice. Volví a verla después de un mes, volví a quererla en vivo y en directo, en lo palpable de la vida, en carne y hueso, volví y quería que no se separe de mí.

Pero ella estuvo un poco triste, algunas cosas se le habían juntado y no pudo, no pudimos concretar un cita remotamente pactada, te entiendo, es difícil aceptarlo, pero si yo no lo hago, ¿quién te va a comprender? Quién se va a resignar en sus pensamientos mientras te tienes que ir con los ojos acongojados. Tienes amigas por montón, pero algo ves en mí que te hace confesar algunas cosas.Te beso, sé que probablemente ya no te vea antes de irme, tu sabes lo que siento por ti, tu sabes que hago de todo por verte, y también sabes que yo no aprendí a despedirme.

Hoy escribo para nadie, para nadie en especial, simplemente escribo. Quiero decirte que no sé qué me pasa, intento decirte que el castillo de naipes se cayó, quiero decir que tal vez me atraes.

No me preguntes por qué, ahora no pienso en explicarte nada, lo que pasa es q soy casado, soy casado y con tres hijos. Mi matrimonio no va mal, pero me siento místicamente atrído por ti y por la imagen pseudo tierna que me proclamas.

Cuando caminas, cuando me miras, cuando - dentro de lo normal - me tocas. Te enlazas, me encantas cual hada madrina concede deseos a uno de sus - embelesados - ahijados, distribuyes sensaciones dentro de mí que terminarán explotando.

No me preguntes por qué, pero no pienso hacer nada, me quedaré pasmado, como un hongo en el jardín donde las vidas se enlazan, no es mi obligación contejar a una señorita linda como usted, simplemente quiero afirmar que me gusta, sóle me intriga saber... ¿Qué siente Ud. por mí?