Imagen by fracking

"Nunca habían sido mejores amigos, sin embargo, el oficio hizo que se conocieran en alguna sala de redacción, en alguna conferencia o en algún salón de clases".
Imagen by Lograi

La mano le tiembla una vez más, suelta el pincel y una mancha blanca se dibuja en el suelo. Una vez más Simón se agacha a recogerlo, lo deja en la mesa reumática que se equilibra al lado del caballete y se para.

De pronto la habitación se le cae para un lado y trata de mantenerse tranquilo, equilibrarse y dejar que pase una vez más, no lo puede controlar. A tientas y con riesgo a dejarse llevar por la pendiente se dirige hasta la cocina en busca de algún estropajo o servilleta que le ayude a limpiar el pequeño desastre. Se aferra al suelo y se deja llevar por sus vaivenes. Si va en contra de ellos se caería hasta el fondo de la habitación donde un cuadro de Sabogal intenta caerse por el movimiento. Tropieza y se va bruces al suelo. No sabe si es porque la habitación se está cayendo o porque un pedazo de madera le ha jugado una mala pasada.

Al voltearme contemplo la mancha blanca como si tuviera vida propia, se expande como si de algún lugar le echaran más agua a la pintura. La blancura empieza a arrasar con todos lo objetos de la habitación, no importa que se vayan cayendo hacia el nuevo punto de gravedad. Volteo hacia el otro lado y la veo allí, inamovible, como suspendida en el aire. La reumática mesa se ríe de mí, ella todavía tienes años para darle al oficio. Mi última pincelada se cayó al suelo y ahora está inundando toda la habitación. Todo blanco, todo limpio, tan callado y de pronto una voz me dice: 'bienvenido'.
Imagen By FrankGlz

Trabajo individual. Teacher, ¿puedo ir al baño?. English, please. Meyaygoutudabrazrom, please? No, mejor me quedo y voy luego al baño, total ya falta poco para acabar la clase y terminé de hacer el trabajo. Blah, blah, blah, blah (in english). A ver, qué es lo que tenía que hacer en la tarde. Creo que ya empieza el proceso de matrícula, creo que llevaré filosofía y comunica. Tengo que. Necesito acabar con los requisitos para pasar a facultad. If you have finished the exercise 2, complete the exercise 4. Complete, complete, complete, ¿no sabe decir otra palabra? O sea, me cae bien, además está embarazada y normal. Lo que pasa es que estoy aburridísimo y ya pues, ¿ya es viernes no? Deberíamos salir más temprano. Además el calor es una cagada. Se dice fucking summer, ¿no? Ves, el inglés no es tan difícil... (Alguien voltea y me habla rápido)

- ¿Estas usando tu borrador? - oigo.
- No, no.
- (...) - sonríe incómodamente. Su cara es más de asombro que de cordura.
- ¿Dije algo mal? - pienso - creo que quiere que le preste mi borrador.
- ¿Que te preste mi borrador? - trato de corregir.
- Sí, por favor. Su cara de asombro se mantiene y tímidamente acerca la mano.
- Sorry, no te escuche bien - atino a agregar y sonrío estúpidamente.
- Es la primera vez que me niegan algo que pido prestado.
- Carajo - pienso - debo poner más atención.

- Have you finished?
- Not yet - pienso.
Imagen By Jaaat

Tengo la cabeza en otra parte. No sobre el cuello como todas las personas. Tengo la cabeza más o menos a la altura del corazón. Llevo pertenencias mías que no ocupan lugar alguno, vienen así, conmigo, una joroba le dicen, otros la insultan y es apenas un pedazo de carne y vértebras que sobresalen de mi espalda. Todos cargan sus cruces, yo cargo una joroba.

Siempre estoy oculto, como el de Notre Dame mirando como pasan las ninfas esas por las calles agitando sus carteras como si fueran vacas, espantándose las moscas y convocando a los bichos que como sombras se deslizan subrepticiamente por las calles de esta maldita ciudad. Si supieran que alguien los ve, ve todo lo que hacen y tratan de hacer, sus juegos, sus intentos de ósculo, sus malditas billeteras que se abren y paran un taxi. Yo los veo y te reconozco.

Siempre altiva, siempre rubia, siempre sucia. Eres tú y te llaman calle. Antes solías alzar la mirada y regalarme una sonrisa. Antes. Cuando era más joven y mi cara era lozana aún. Ahora la barba me cubre la cara y tu repulsión se refleja en los tantos clientes que recoges cada día. En qué momento te volviste tan frívola. La vida también te ha pasado factura. Estas rubia, pero gorda y vieja. Ya casi nadie quiere conversar contigo sobre negocios, pero eres la elegida entre los adolescente que se quieren volver hombres. Ilusos, decías. Por qué no se consiguen una mujer, decías. Antes eras buena, me prestabas tus juguetes mientras te quedabas en casa. Tu madre te dejaba todas las noches aquí. Aquí mismo donde estoy parado. Mirábamos como esos hombres se acercaban a esas mujeres y te daba asco. Ahora lo has perdido. Ahora me has perdido. Aunque me estés mirando y sonriendo como antes, me has perdido.

Después del parto el doctor me dijo que Sandra estaba en el cuarto 403 y yo no terminaba de creerlo.Valentino era el hijo planificado que toda la vida quisimos tener. Cuando nos casamos ella me dijo que lo que más ansiaba en el mundo era tener un hijo al cual poder susurrarle al oído que era la mayor bendición del mundo, que tenía unos padres que lo querían y siempre lo protegerían.

Pero los años pasaban y nuestro desarrollo profesional impedía hacer un alto para cumplir nuestro sueño, la depresión cogió a Sandra y la relación se volvió tensa. Ya casi no había gestos de cariño entre los dos, ella me dijo que se iba de la casa, que esta no era la vida que quería llevar. Yo no impedí que se vaya. Sus maletas estaban en la puerta cuando llegué de la redacción y quien las llevaba era su madre, Sandra la había mandado a recoger sus cosas.

Aguantamos tres días. Ella se había ido a Buenos Aires a tomar unas cortas vacaciones con unos primos; yo, llegaba a mi casa todos los días sin más razón para estar feliz. Al tercer día me llamó y me dijo que tenía 2 meses de embarazo y no lo había notado, que el cambio de ánimo se debía a un desequilibrio hormonal, producto del embarazo. Volvió a la semana siguiente y todo entre nosotros cambió. Volvimos a ser la pareja de adolescentes que fuimos al principio, cada día nos llenábamos de revistas pediátricas y nuestras madres visitaban frecuentemente la casa para preguntar como íbamos. Han sido los mejores meses que he pasado junto a ella: Nos fuimos a San Andrés a los 5 meses, después ya no podría viajar, volvimos color camarón y bajo la luna decidimos que él se llamaría Valentino.

Ahora lo veo, tierno, inmóvil, apenas respira para mantenerse vivo, se retuerce entre sueños. Seguro que si lo pondríamos en un bolso nadie se daría cuenta del milagro que respiraría dentro. Es una suerte que se parezca a ella, tiene sus labios y sus mejillas, tiene mi nariz y pronto veré si sacó los ojos del abuelo. Se mueve para un lado y una sonrisa asoma por la incubadora. Como si supiera que lo estoy mirando y me hace pensar que él también nos estuvo planificando como padres.
imagen by KipuCom

Erminio llegó temprano a la casa de los Ayala para hablar con Margarita y las sirvientas de don Anselmo.

- El niño Martín va a volver de la capital.
- Aquí nadie lo quiere de vuelta. Solo el patrón lo quería pero para los demás era un malcrado - sentenció la ama de llaves.
- Doña Margarita, debe saber usted que el patrón también eligió al muchacho entre sus herederos.
- Vete, Erminio, gracias por avisarnos y toma diez soles para que almuerces, ese chico solo me hará renegar.
- Gracias doña, recuerde que el niño Martín llegará dentro de dos días, se le tiene que recibir como en casa.
- Ya veremos, Erminio, ya veremos.

En la casa mandaba ella. Margarita trabajó para don Anselmo desde que tenía 15 años. Llegó recogida de una hacienda del norte y la dulzura y compasión del patron le permitió quedarse como ayudante y luego, cuando logró su fortuna, se convirtió en la ama de llaves.

Margarita tenpia una historia particular con Martín, ella tuvo que cuidarlo desde que era niño, cuando su madre murió, era prácticamente su hijo. Pero cuando se convirtió en adolescente, en contra de lo que creía su abuelo, Martín hizo que Margarita le perdiera la confianza, no solo porque a veces mentía tratando de conseguir dinero para gastarlo en carrera de caballos que hacían en las pampas, detrás de la minera; sino porque ella sabía que él tenía dudas en seguir la carrera medica, no le presgiaba nada malo, pero creía que no lograría acostumbrarses a la vida de la capital.

El día que partió, Margarita lloró desconsoladamente y juró que nunca más le daría ese amor de madre a ningun mocoso, ella conservaba los resentimientos de su infancia en la sierra del norte y creía que la única manera de pagarle al amo era criar a Martín como don Anslmo la crió a ella. Sin embargo eran situaciones tan diferentes, que cuando Erminio le dijo que él volvería, se le escarapelo la piel y su unica defensa fue mostrarse en contra de su regreso, lamentablemente los sentimientos encontrados que experimentaba no iban a evitar que Martín se despidiera de su abuelo.
Imagen by Deiviss

Martín despertó asustado y sudoroso a medianoche con la certeza de que las constantes pesadillas tenian un mensaje oculto. Soñar a su abuelo sentado en la mecedora le producía, más que miedo, vergüenza. Y es que los últimos años que pasó con él se tuvo que sacrificar mucho para poder llegar a conseguir que su abuelo lo apoyara en todo lo que exigía convertirse en un médico de profesión, el próximo único médico de la ciudad.

Don Anselmo le prometió enviarlo a estudiar la carrera que más ventajas económicas le traerían en el pueblo. No estudies para ser minero como yo, le decía constantemente, tampoco quiero que seas un don-nadie como el perro de tu padre que se largó dejando a mi pobre hija embarazada. Desde que eras niño vi como cuidabas a los animales y luego como cuidaste a tu madre cuando cayó enfema, yo creo que puedes estudiar medicina, tengo familiares en la capital que te pueden alojar y yo te pago los estudios, quiero que San Francisco esté orgulloso de ti como lo estoy yo.

Martín asentía cada vez que su abuelo tocaba el tema e incluso se sentía capaz de seguir la carrera que este le aconsejaba, sin embargo temía salir de San Francisco y vivir solo. Desde la muerte de su madre había tenido que buscar y ganarse los frijoles. Su abuelo le daba alojamiento y comida, pero él siempre quiso más. A los 15 años trató de dejar de depender de su abuelo porque toda la gente en el pueblo le decía que era un inútil nacido en cuna de oro. El pasado forjado por Don Anselmo le pesaba tanto que temía no poder responder a las expectativas de los demás y dejar la carrera a medias.

Desde un principio no defraudó a nadie, incluso mientras pasaban los semestres se hizo conocido en su facultad por sus altas notas. De San Francisco le llegaban cartas del abuelo y de cómo estaba el pueblo en su ausencia. Siempre encontraba el dinero suficiente para sobrevivir por un buen tiempo hasta que llegaba la siguiente carta. Era casi mágico porque la carta siempre llegaba cuando le quedaban pocos centavos para sobrevivir. Su nueva vida había tomado muchos giros inesperados, tenía nuevos amigos y nuevos intereses, se apasionó más por la medicina y los constantes miedos se diluyeron en el agua de las oportunidades que le brindaba su nueva ciudad de residencia.

Dos años después de llegar a la capital, Martín empezó a tener las pesadillas referidas a su abuelo. Siempre era igual, él jugaba en la huerta, trepado en los arboles de guinda y cogiendo uno a uno sus frutos para luego comerlos en el lonche de las seis. De un momento a otro escucha que lo llaman desde la sala, salta y corre como alma que lleva el diablo hasta que puerta desde donde ve a su abuelo meciendose y llamándolo, estirando la mano derecha como si fuese a caer de un momento a otro, entonces el se desespera y va corriendo y el camino se hace interminable y su abuelo se mece cada vez más lentamente y su brazo va cayéndo hasta reposar sin vida y sus ojos se van cerrando como si quedara porfundamente dormido. De golpe abre los ojos y la tía Josefina está a su lado con los ojos llorosos sacudiéndolo. Secándose las lagrimas, lo recuesta y le dice en voz baja: "Martincito, tienes que volver a San Francisco, tu abuelo se está muriendo"